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Bobbie Gentry o el arte de desaparecer

Fue una de las primeras artistas femeninas en ejercer un control absoluto sobre su obra. Una caja recopilatoria y un disco de tributo rescatan del olvido a la cantante que en 1967 arrebató a los Beatles el número uno en la lista de éxitos

 

En 1967, el movimiento hippie se encontraba en su apogeo. La juventud peregrinaba a San Francisco con flores en el pelo y un cargamento de LSD en el maletero del coche. En el Festival de Monterey, Jimi Hendrix, The Byrds y Jefferson Airplane remodelaban el canon del rock con sus innovadores sonidos psicodélicos. Lo que nadie esperaba es que en pleno Verano del Amor, entre himnos contra la guerra de Vietnam y loas a la fraternidad universal, triunfara una canción de hechuras clásicas que contaba la historia de un muchacho que se suicida lanzándose de un puente. Sin apenas promoción, ‘Ode to Billie Joe’ escaló hasta lo más alto de la lista de éxitos desbancando a ‘All You Need Is Love’ de los Beatles. Su autora era una desconocida cantante de 23 años llamada Bobbie Gentry. Nadie había oído hablar de ella, hasta el punto de que los disc-jockeys ni siquiera sabían si era blanca o negra.

 

‘Ode to Billie Joe’ vendió tres millones de copias. De la noche a la mañana, Gentry pasó del anonimato a convertirse en una celebridad. Entre 1967 y 1971, grabó siete álbumes para el sello Capitol en los que aúna la tradición del country, la narrativa del folk, el ‘groove’ del soul sureño y las melodías pop. Tuvo su propio programa de televisión en la BBC. Y protagonizó un espectáculo en Las Vegas al que solían acudir Tom Jones y Elvis Presley. El público la adoraba. Sin embargo, a comienzos de los ochenta, un buen día recogió los bártulos y sin hacer ruido… desapareció.

 


 

Desde entonces, su música ha sido objeto de culto por parte de un restringido grupo de iniciados. Hasta que el año pasado, Universal publicó ‘The Girl From Chickasaw County: The Complete Capitol Masters’, una caja que reúne todas sus grabaciones de estudio, maquetas inéditas y una selección de sus actuaciones en directo para la BBC. De repente, su nombre volvía a estar en boca de todos. El grupo de rock Mercury Rev se suma a esta operación rescate con el disco ‘Bobbie Gentry’s The Delta Sweete Revisited’ (Bella Union), en el que repasa, una a una, las canciones de ‘The Delta Sweete’ (1968) acompañado por un elenco de vocalistas invitadas: Norah Jones, Laetitia Sadier, Hope Sandoval, Vashti Bunyan, Margo Price, Rachel Goswell, Beth Orton y Lucinda Williams.

 

Bobbie Gentry fue una de las primeras artistas femeninas en ejercer un control absoluto sobre su obra. Sabía cómo capitalizar su talento. Componía, cantaba, tocaba la guitarra y producía sus discos. También se encargaba del diseño de las portadas e incluso confeccionaba el vestuario con el que salía a escena. Desbrozó un camino por el que luego han transitado otras mujeres poderosas como Joni Mitchell, Madonna, Björk, Taylor Swift y Beyoncé. En una entrevista de 1974 declaraba: “Soy una mujer trabajando en un mundo de hombres. Soy una productora de discos de éxito. Y no resulta nada fácil, sobre todo si eres atractiva, porque se supone que la belleza está reñida con la inteligencia, lo cual es absolutamente ridículo”.

 

John Cameron era el director musical del programa que grabó para la BBC. Recuerda que “Bobbie lo tenía todo bajo control. Seleccionaba las canciones, decidía los arreglos, el tipo de sonido… Era una gran profesional con un estilo enorme. Ver cómo cantaba mientras yo dirigía la orquesta fue una de las mejores experiencias de mi vida. ¡Y qué voz! Era como una copa de Jack Daniels vertida sobre un helado de caramelo”.

 

Una chica sureña

Su verdadero nombre es Roberta Lee Streeter y nació en 1942 en Woodland, un pueblo perdido del condado de Chickasaw (Misisipi, Estados Unidos). Sus padres se divorciaron nada más nacer y ella se crió en la granja de sus abuelos. El poeta alemán Rilke dijo que la verdadera patria del hombre (y de la mujer) es la infancia. Gentry ambienta la mayoría de sus composiciones en ese Sur mitificado y de ambiente sofocante donde creció, poblado de personajes estrafalarios, como la mujer que no deja de sonreír mientras entierra a su prometido (‘Casket Vignette’) o aquella otra que languidece encerrada en su mansión esperando al amante que nunca llega (‘Courtyard’).

 

Tras graduarse en el instituto, se mudó a California para vivir con su madre. Durante el día estudiaba en el Conservatorio de Música de Los Ángeles y por las noches actuaba en los clubes de la ciudad. Tomó su nombre artístico de la película ‘Ruby Gentry’ (1952), drama dirigido por King Vidor en el que Jennifer Jones interpreta a una mujer sureña sin recursos que se rebela contra la tiranía de una sociedad conservadora e hipócrita. En 1967 consiguió un contrato con Capitol. Las maquetas que había grabado por su cuenta eran tan buenas que algunos cortes se incluyeron sin retocar en su disco de debut. ‘Mississippi Delta’ fue el tema elegido para ocupar la cara A del ‘single’ de lanzamiento. Pero en un afortunado golpe del destino, la fábrica encargada de planchar el vinilo se equivocó y colocó en su lugar ‘Ode to Billie Joe’.

 

Aunque nunca ha explicado por qué decidió abandonar el mundo del espectáculo, el productor Andrew Batt –impulsor del recopilatorio ‘The Girl From Chickasaw County’– sospecha que el motivo principal fue el ninguneo por parte de la industria discográfica: “En aquellos años la sociedad no estaba preparada para aceptar que una mujer tomara sus propias decisiones. Es triste, pero creo que su apariencia glamorosa fue una de las razones de que no la tomaran en serio”. Demasiado sensual para el circuito de cantautores con el ceño fruncido. Demasiado independiente para el mercado del pop comercial.

 

Otro hándicap fue la incapacidad de Capitol para promocionar unas canciones que no se circunscribían a un estilo concreto. ¿Era country? ¿Soul? ¿Pop? La división artificial y restrictiva del negocio musical en pequeñas categorías, que facilita un marketing efectivo, no funcionaba con ella. Su biógrafa, la escritora Tara Murtha, aporta el argumento definitivo: “Sufrió un expolio continuo. Eliminaban su nombre de los créditos para que no pudiera cobrar los ingresos que le correspondían por su labor como productora, tanto de sus discos como de los programas para la BBC. Bobbie tenía cuarenta años y un hijo cuando se retiró. ¿Por qué iba a molestarse en seguir trabajando para una industria que no hacía más que robarla?”.

 

 

Artículo publicado el 6 de abril de 2019 en el periódico EL CORREO

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