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El club de los corazones rotos

Con motivo del Día de San Valentín, el suplemento ‘Territorios’ de EL CORREO dedicó sus páginas a analizar el desamor como motor de la creación artística. A mí me tocó escribir sobre las canciones de la música popular que versan sobre rupturas sentimentales, traiciones y amores no correspondidos.

 

El otro día mi novia me dejó. Mientras ella hacía las maletas, me puse a cantar ‘Ne me quitte pas’ de Jacques Brel, una de las baladas más hermosas y lastimeras jamás escritas. Brel se humilla y suplica a su amada que, por favor, no le abandone. A cambio promete no llorar más, ni hablar más: “Déjame convertirme en la sombra de tu sombra, en la sombra de la mano, en la sombra de tu perro…”. No surtió efecto. Un sonoro portazo puso fin a mi actuación. Y a nuestra relación.

 

Por la noche salí a dar un paseo. Me detuve frente a un garito. Su nombre parecía una señal: El club de los corazones rotos. Entré. Los clientes se acodaban en la barra, en silencio y con la mirada perdida. La música se ajustaba como un guante al ambiente deprimente del local. “Estoy loca por pensar que mi amor podría retenerte. Sabía que algún día me dejarías por otra”. Era Patsy Cline cantando ‘Crazy’. Luego sonaron del tirón ‘Hey, That´s No Way to Say Goodbye’ de Leonard Cohen, ‘Body and Soul’ en la voz de Billie Holiday, ‘Go Your Own Way’ de Fleetwood Mac, y esa joya titulada ‘Desamor’ en la que Joan Manuel Serrat describe el amargo final de una pareja que ya no tiene nada que decirse, “dos ejércitos en retirada” vencidos por el fracaso y el resentimiento.

 

Me acerqué a la cabina del disc-jockey para preguntarle si aceptaba peticiones. “Sólo si hablan del fin del amor”, respondió. Genial. Tenía material de sobra, porque el desamor es sin duda el tema más recurrente en la historia de la música popular. Hay miles de canciones sobre rupturas sentimentales, reproches, traiciones y amores no correspondidos. Da igual el género: blues, jazz, folk, soul, rock, tangos, rancheras, boleros… Ninguno escapa a la tentación de dibujar en un pentagrama las cicatrices que deja el fin de una relación.

 

Siempre he pensado que escribir sobre lo triste que estás porque te han abandonado es un ejercicio de exhibicionismo emocional aderezado con unas gotas de masoquismo. Mientras que el común de los mortales lo único que desea es pasar página cuanto antes, los músicos se empeñan en revivir sus fracasos sentimentales una y otra vez. Porque las canciones, como las fotografías, tienen la facultad de detener el tiempo; capturan un instante, lo congelan y lo convierten en algo eterno.

 

 

Ajuste de cuentas
Aunque cada relación es única, podemos englobar las canciones sobre desamor en tres categorías: las que tienen como objetivo recuperar a la persona amada; las que funcionan como terapia para expiar el dolor; y las que son un ajuste de cuentas, dardos envenenados dirigidos al antiguo amante, como las que Bob Dylan compuso para el disco ‘Blood On The Tracks’, en el que airea las miserias de su matrimonio con la modelo Sara Lownds. En su autobiografía jura que se inspiró en los relatos de Chéjov. Sin embargo las letras no engañan. “Ni siquiera puedo tocar los libros que has leído. Cada vez que entro por la puerta espero encontrar a otra persona. Nunca sabrás cuánto he sufrido ni el dolor que llevo encima”, canta en ‘Idiot Wind’.

 

Marvin Gaye también se permitió el lujo de relatar los aspectos más sórdidos de su unión con Anna Gordy, hija del dueño del sello Motown. Tras un divorcio traumático, compuso ‘Here, My Dear’, álbum doble cargado de ira y rencor en el que repasa las diferentes etapas de la relación, desde el momento en que se conocieron (‘I Met A Little Girl’), pasando por las primeras grietas (‘When Did You Stop Loving Me’) hasta llegar a la ruptura definitiva (‘Is That Enough’).

 

El club de los corazones rotos está a punto de cerrar. Como cada noche, el disc-jockey termina su sesión con ‘Rata de dos patas’ de Paquita la del Barrio, himno insuperable sobre el despecho en el que la mexicana muestra la riqueza de la lengua española dedicando todo tipo de improperios al hombre que ha traicionado su amor: “Rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho, infrahumano, espectro del infierno, maldita sabandija, cuánto daño me has hecho, te odio y te desprecio”.

 

 

Artículo publicado el 9 de febrero de 2019 en el periódico EL CORREO

 

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