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Dejemos el pesimismo para tiempos mejores

El último trabajo de Neneh Cherry es un muestrario de los males que aquejan a nuestra sociedad. Y también uno de los mejores discos publicados el año pasado

 

Da igual si es una revista especializada o un periódico de información general. Termina diciembre y ningún medio se resiste a la tentación de hacer inventario de los mejores discos del año. Y siempre hay coincidencias. En 2018, ‘Broken Politics’ (Popstock) de Neneh Cherry fue uno de esos álbumes que te encontrabas en casi todas las listas. En su nueva colección de canciones, producidas por Four Tet –alias del músico y DJ inglés Kieran Hebden– la cantante plasma su visión del mundo que nos ha tocado vivir. Está enfadada. Y asustada. Reconoce que no tiene la solución para cambiar el rumbo de las cosas. Su única obligación es contar lo que está pasando. Y hacer las preguntas adecuadas. Preguntas que inviten a la reflexión. La música es el arma que empuña para hacer política.

 

‘Broken Politics’ es un muestrario de los males que aquejan a nuestra sociedad. Sobre una base de pausados ritmos electrónicos, tan oscuros como el clima que impregna el presente, vomita sus miedos e inquietudes: Trump, Putin, la pesadilla del Brexit, el racismo, el sexismo, las políticas antiinmigración, los refugiados, la homofobia, la venta de armas… Y aunque el panorama no es que sea precisamente alentador, ella hace frente a esta crisis global con un sonrisa. Es optimista. Tiene fe en las nuevas generaciones. Su postura recuerda a esta frase del escritor uruguayo Eduardo Galeano: “Dejemos el pesimismo para tiempos mejores”.

 

Nacida en Estocolmo en 1964, Neneh Cherry siempre ha sido un verso libre. Desde que dio sus primeros pasos en el mundo de la música, a comienzos de los ochenta, ha hecho lo que le ha dado la gana. Feminista, nómada, comprometida e independiente, con 16 años abandonó la escuela y se mudó a Londres, donde vivió los últimos coletazos del punk. Formó parte de Rip Rig + Panic, una banda de bohemios que se divertían mezclando post-punk, avant-funk y jazz mutante. El hip-hop tomó el relevo al punk y comenzó a llamar la atención de los cazatalentos por su forma de rapear. “Nunca me he considerado una verdadera rapera, pero me encanta esa forma directa de expresarse que no encaja con las melodías. Iba a un pequeño club donde te pagaban cinco libras por cada rap interpretado”. Consiguió un contrato y en la primera canción que grabó ya dio muestras de su vena reivindicativa. Se titulaba Stop the War’ y era un alegato contra la Guerra de las Malvinas.

 

Su destino cambió para siempre un día de 1987. En el aeropuerto de Heathrow, mientras esperaba la salida de un vuelo a Japón, conoció al productor Cameron McVey. Su futuro marido era colega de The Wild Bunch, un colectivo de músicos con sede en Bristol que cambiaría el rumbo de la música pop en los años noventa. Entre sus miembros se encontraban Nellee Hooper (productor de Soul II Soul, Madonna, U2 y Björk), Robert Del Naja y Grant Marshall (fundadores de Massive Attack; ella contribuyó a financiar su disco de debut Blue Lines’) y Tricky. Juntos dieron forma a Raw Like Sushi’ (1989) el álbum que la convirtió en una estrella del pop. La fotografía de portada, obra de Jean Baptiste Mondino, era la carta de presentación idónea de un disco que rezumaba modernidad por los cuatro costados, con su mezcla perfecta de R&B, rap, pop y música dance.

 

 

Tras el hit mundial de la canción Seven Seconds’ (1994), grabada a dúo con el senegalés Youssou N’Dour, dijo basta. La presión de una industria discográfica que quería convertirla en la nueva Madonna la paralizó. Así que decidió hacer mutis por el foro y dejar que los focos enfocaran a otros. Necesitaba un respiro para reencontrarse consigo misma y recuperar la pasión perdida por la música: “No me sentía libre. Tenía la responsabilidad de crear éxitos, y yo vengo de un entorno libre como el jazz”. Y como dijo Descartes, sin libertad no hay creación, porque son la misma cosa. Aparcó su carrera para cuidar de sus hijos. Se mudó a Málaga y adoptó un perfil bajo. Durante casi dos décadas, las únicas noticias que tuvimos de ella apenas fueron un par de colaboraciones (con Peter Gabriel y Gorillaz) y su participación en el fallido proyecto de trip-hop Cirkus.

 

Conexión

Lo que viene a continuación ocurrió de verdad, aunque parezca escrito por un guionista de cine. Sí, esta es una de esas ocasiones en que la realidad supera a la ficción. Año 2010. Su marido regresa una noche a casa excitado tras asistir a un concierto de The Thing. “Acabo de ver a tu nueva banda”, le dice. The Thing es un trío escandinavo de free jazz que tomó su nombre de una canción del legendario trompetista Don Cherry. Neneh es hija del percusionista Ahmadu Jah y la artista plástica Moki Karlsson. Apenas era un bebé cuando sus padres se divorciaron. Se crió con su madre, que se casó en segundas nupcias con… Don Cherry.

 

La conexión con el trío liderado por el saxofonista Mats Gustafsson fue inmediata. Por primera vez en mucho tiempo, sintió la urgencia de cerrar la puerta y sentarse a componer. En noviembre de 2011 entraron en un pequeño estudio de Londres para grabar The Cherry Thing’. Sólo necesitaron cuatro días para completarlo. “Demasiado tiempo para un grupo de free jazz”, ironizaba Gustafsson. Aclamado por la crítica, es un álbum dinámico y tremendamente original que incluye composiciones propias y versiones de Suicide, The Stooges, Ornette Coleman, MF Doom, Martina Topley-Bird y… Don Cherry.

 

‘The Cherry Thing’ tuvo un epílogo en forma de disco de remezclas. Merzbow, Jim O’Rourke, Lindstrom & Prins Thomas y Nymph, entre otras luminarias de la música electrónica, fueron los encargados de adecuar las canciones a los gustos de la pista de baile. Ninguna adaptación desmerece, pero la única que alcanza el sobresaliente es la remezcla de Dream Baby Dream’ de Suicide que firma Four Tet. Neneh se enamoró del trabajo realizado por Kieran Hebden y le propuso producir su próximo álbum.

 

‘Blank Point’ (2014) fue su primer disco firmado en solitario en 18 años. Es un trabajo arisco y poco convencional, marcado por el repentino fallecimiento de su madre. Colaboran como instrumentistas el dúo RocketNumberNine (nombre de una pieza de Sun Ra), aportando un arsenal de beats crudos, percusiones y sintetizadores. La grabación fue lo más parecido a una catarsis. Four Tet se empeñó en conservar los pequeños errores de Neneh al cantar en las pocas tomas que hicieron para cada corte. “Yo estaba reticente –confesó en una entrevista– pero luego me acordé de lo que decía mi padre, Don Cherry: No hay nada ni muy correcto ni muy equivocado en la creatividad. Las imperfecciones pueden ser perfectas”.

 

 

Artículo publicado en el número de marzo de 2019 del periódico BILBAO

 

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