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Duelo de guitarras

Ni Beatles ni Rolling Stones. La rivalidad que definió el sonido del rock ‘n’ roll tuvo como protagonistas a Leo Fender y Les Paul, los inventores del instrumento que revolucionó la música popular del siglo XX

 

Si como apunta el músico y periodista británico Bob Stanley en su imprescindible libro ‘Yeah! Yeah! Yeah!. La historia del pop moderno’ (Turner, 2015), “todo lo que entra en las listas de éxitos es pop, así se trate de Buddy Holly, Black Sabbath o Bucks Fizz”, a lo largo de la última década hemos asistido a una nueva formulación de la música comercial. El rock ha perdido su condición hegemónica y su terreno ha sido colonizado por ese cajón de sastre denominado ‘música urbana’, etiqueta que engloba estilos como el R&B, el trap y los ritmos latinos del reggaeton. Un cambio de paradigma que podrá gustar más o menos, pero que no debería extrañar a nadie. Al fin y al cabo, el pop se basa en la producción constante de éxitos, sin que importe cómo están hechos, adaptándose siempre a los sonidos y la tecnología del momento.

 

Hoy en día cuesta escuchar un ‘riff’ de guitarra en las canciones de los artistas más populares. Sin embargo, hubo un tiempo, no hace tanto, en el que las guitarras eléctricas dominaron el mundo del pop. Su sonido amplificado dio forma al rock ‘n’ roll y de sus seis cuerdas surgió la mayoría de las composiciones que coparon las listas de éxitos durante la segunda mitad del siglo XX. El libro ‘El nacimiento del ruido’ (Neo Person), firmado por el escritor y crítico californiano Ian S. Port, cuenta la historia de la guitarra eléctrica a través de la feroz rivalidad entre Leo Fender y Les Paul, los principales creadores de este icónico instrumento que revolucionó la música popular.

 

Colaborador de las revistas ‘Rolling Stone’, ‘Village Voice’ y ex editor musical del ‘San Francisco Weekly’, Port sitúa el inicio de su relato en la década de los cuarenta, tras la Segunda Guerra Mundial, una época de prosperidad en la que los adolescentes se hicieron con el control del mercado de la música pop. Desgrana el ocaso de las Big Bands, grandes orquestas de jazz y swing que, tanto por cuestiones económicas como por un cambio en los gustos populares, fueron sustituidas por combos más pequeños que requerían de la amplificación para hacerse oír.

 

Los primeros modelos de guitarra eléctrica, heredados de la tradicional guitarra acústica de caja hueca, ofrecían un sonido débil con querencia al ‘feedback’. ¿La solución? Una guitarra de madera maciza y cuerpo sólido, con un puente y dos pastillas. De esta forma se limitaba el acople y se aumentaba la duración del sonido. A finales de los años cincuenta, Chuck Berry, Buddy Holly y Elvis Presley blandían guitarras eléctricas y amplificadores para producir todo un universo de nuevos sonidos. Armados con los potentes instrumentos creados por Leo Fender y Les Paul, iniciaron una revolución que cambiaría para siempre el curso de la música. Había nacido el rock ‘n’ roll.

 

 

Antagonismos

Leo Fender y Les Paul se conocieron en 1947. Aunque eran dos tipos de carácter antagónico, compartían la misma fascinación por la amplificación y los instrumentos musicales. La amistad duró poco y derivó en una competición encarnizada en la que, a lo largo de varias décadas, los músicos más creativos –artistas como Buddy Holly, Muddy Waters, The Beach Boys, Bob Dylan, Eric Clapton y Jimi Hendrix – exploraron las posibilidades sonoras de las guitarras amplificadas de manera inconcebible para las generaciones anteriores. Las guitarras más legendarias de la historia del rock llevan impresos sus nombres: Fender Telecaster, Fender Stratocaster y Gibson Les Paul. Lo que resulta más fascinante es que su sonido era un reflejo de la personalidad de sus creadores.

 

Les Paul era un tipo enérgico y excéntrico, bullicioso y extrovertido, un embaucador y un cuentista, además de un trabajador incansable. Un virtuoso de la guitarra que, aunque llegó a tocar al lado de cantantes tan importantes como Bing Crosby, fue consciente de que nunca alcanzaría la fama que tanto ansiaba. El sonido de la Gibson Les Paul –la preferida de Keith Richards, Jeff Beck, Marc Bolan, Mick Ronson y Slash, por no hacer la lista demasiado larga– era puramente eléctrico, fuerte, sucio, abrasador y acabaría definiendo un nuevo estilo de rock duro basado en el blues.

 

Por el contrario, la única aspiración de Leo Fender era encerrarse en su taller y resolver un enigma técnico tras otro. Tranquilo e introvertido, Fender era un ratón de laboratorio capaz de desentrañar los secretos de los aparatos electrónicos, un mago que controlaba a su antojo circuitos, cables y botones: “Era como si hablara el idioma de la electricidad o la electricidad le hablara a él”. Jamás aprendió a tocar la guitarra. Como le dijo un compañero de clase al historiador Richard Smith, “era incapaz de llevar el ritmo”. Para él, la belleza del instrumento residía en los precisos patrones armónicos que producían las cuerdas. Donde unos oían música, Fender oía leyes físicas. Sus guitarras destacaban por un sonido más limpio, cálido y prístino, que podemos escuchar en discos de los Beach Boys, Jimi Hendrix, Dire Straits, Eric Clapton, Albert Collins y Pink Floyd.

 

Desde que en 1964 los Beach Boys y los Rolling Stones compartieran escenario en el mítico ‘The T.A.M.I Show’, “la vieja rivalidad entre Fender y Gibson, la competición entre el modesto Leo Fender y el ambicioso Les Paul, se reavivó. Desde entonces y hasta el día de hoy, esta confrontación –entre la luz y la oscuridad, lo delicado y lo denso, lo ligero y lo pesado, el oeste y el este, lo nuevo y lo viejo– obsesionaría a un número incalculable de músicos”. Los Beatles eran la excepción. Apostaban por guitarras de fabricantes considerados de segunda fila, como Rickenbacker y Gretsch. Cuando aquel mismo año se embarcaron en su primera gira por los Estados Unidos, Don Randall, socio de Leo Fender, vio la oportunidad de embaucar al cuarteto de Liverpool. Envió a un representante para reunirse con Brian Epstein, manager de la banda, y ofreció una sustanciosa cantidad de dinero para animar al grupo a utilizar instrumentos y amplificadores Fender. Fue una maniobra fallida. La respuesta de los Beatles, en palabras de Randall, fue que “los chicos habían conquistado el éxito con los instrumentos que tocaban y no los iban a cambiar”.

 

El 25 de julio de 1965, el instrumento que Leo Fender había ayudado a perfeccionar pasó de ser una pieza clave en la música pop juvenil a un elemento propio de formas de expresión más adultas y arriesgadas. Bob Dylan actuó ante 17.000 asistentes en el Festival de Folk de Newport. Desafiante, el bardo de Duluth rasgueó con furia una Stratocaster y atacó los primeros compases de ‘Maggies’s Farm’. “Aquella sería recordada como la noche en que Dylan se pasó al sonido eléctrico. La noche en que el rock’n’roll se convirtió en folk rock o simplemente en rock. La noche en que Dylan manifestó su compromiso con sus propias ideas y no con las de la comunidad folk. ‘Pensaba que Dylan nos estaba abandonando –dijo una testigo y, en cierto sentido, tenía razón–. De repente llevaba cazadora de cuero y hacía RUIDO”.

 

 

Artículo publicado en julio de 2020 en el periódico BILBAO

 

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