Get Social With Us

Pixies: sexo, surrealismo y ciencia ficción

Icono del rock independiente de los 90, la banda de Boston publica nuevas canciones después de dos décadas de silencio.

 

Tuvieron una vida breve, apenas un lustro. Sin embargo, fue tiempo suficiente para congregar una modesta pero irreductible legión de seguidores que han esperado durante dos décadas el regreso de una banda irrepetible que decidió hace mutis por el foro justo cuando estaba a punto de pegar el salto a la primera división del rock. El éxito de Nirvana debió ser también el suyo –Kurt Cobain reconoció que cuando escribióSmells Like Teen Spirit’ estaba, básicamente, tratando de copiar a los Pixies– pero ellos se caracterizaron por navegar contra corriente. El 1 de enero de 1993, Charles Thompson, también conocido como Black Francis o Frank Black, líder y principal compositor de los Pixies, comunicó por fax la disolución de la banda. Desde entonces, su leyenda póstuma creció y creció. Se convirtieron en dioses ausentes.

 

En 2004, el cuarteto de Boston se reunió por sorpresa para dar una serie de conciertos. “Fue divertido volver a tocar las viejas canciones de los Pixies. Pero, sobre todo, está bien por fin hacer un buen dinero”, declararon. Habían vuelto para reclamar un merecido trozo de la tarta de la historia del rock. Tocaron sus viejos éxitos. Ningún atisbo de material nuevo, excepto la decepcionante Bam Thwok’ y una versión deAin’t That Pretty at All’, original de Warren Zevon. Fue un regreso efímero. Como en la película de Woody Allen, cuando terminó la gira cogieron el dinero y salieron corriendo. Sin noticias posteriores, todo parecía indicar que, ahora sí, los Pixies habían pasado definitivamente a mejor vida.

 

Sorpresa mayúscula, por tanto, cuando el pasado mes de junio colgaron en Internet una nueva canción, ‘Bagboy’. Y tras el aperitivo, hace unas semanas sirvieron el primer plato: las cuatro canciones incluidas en EP-1′ (Andro Queen’, Another Toe in the Ocean’, Indie Cindy’ y What Goes Boom’) el primero de una serie de mini-lanzamientos que irán publicando a lo largo de los próximos 15 meses. También hay gira en marcha, con una única parada en España: la sala La Riviera en Madrid, los días 7 y 8 de noviembre. Si estás pensando en acudir a los conciertos, olvídalo. Las entradas volaron a las pocas horas de ponerse a la venta.

 

 

El regreso discográfico de los Pixies se cocinó en otoño del año pasado en los estudios Rockfield, situados en la bucólica campiña galesa. A los fogones, un viejo conocido, el chef Gil Norton, quien ya se había encargado de producir tres de sus cinco primeros álbumes. Estaba previsto que Kim Deal, la bajista original, tomara parte en la grabación, pero tras su negativa de última hora fue Simon Archer, que ha tocado con PJ Harvey y The Fall, quien se encargó de las cuatro cuerdas. Para los conciertos han reclutado como sustituta a Kim Shattuck, bajista de The Muffs. En ‘EP-1′ encontramos a unos Pixies menos gritones y tensos que en su primera época. Afortunadamente, sus obsesiones definitorias permanecen, como las guitarras vibrantes y un imaginario malsano plagado de referencias al surrealismo, el sexo oscuro y la ciencia ficción.

 

Ovnis y religión

Tras abandonar la Universidad de Massachussets, a principios de 1986 los guitarristas Charles Thompson y Joey Santiago se instalaron en Boston con la intención de montar una banda. La ciudad, de tradición liberal, contaba con una rica vida universitaria, con Harvard a la cabeza. Las radios estudiantiles estaban por delante del resto del país en términos de apoyo a sus bandas locales independientes. En ese ambiente creativo surgieron grupos como The Lemonheads, Dinosaur Jr, Gigolo Aunts, They Might Be Giants y Throwing Muses.

 

Thompson y Santiago pusieron un anuncio en un periódico local, que rezaba: “Buscamos chica bajista que le guste Hüsker Dü y Peter, Paul & Mary”. Solo recibieron una llamada. Quien respondió fue Kim Deal. A pesar de era 4 años mayor que ellos, estaba casada y tocaba la guitarra en vez del bajo, entró en el grupo. Ella les puso en contacto con David Lovering, un flipado de la mecánica y fan de Rush, pero un monstruo a la batería. La formación se había completado. Acababan de nacer los Pixies.

 

El 13 de diciembre de aquel año, los duendes tocaron en su ciudad como teloneros de Throwing Muses. Durante la prueba de sonido llamaron la atención del productor Gary Smith. Se quedó alucinado al escuchar aquella explosión de pop envenenado: miniaturas melódicas, espasmos de ruido y letras sobre alienígenas y rameras gruñonas. “Fue una experiencia de otro planeta. No tenían un equivalente”. En marzo de 1987, Smith se llevó a la banda a su estudio. Grabó 18 canciones y las empaquetó en un cinta con una portada de color púrpura que envió a todas las discográficas.

 

 

Una copia de la Purple Tape’ aterrizó en el despacho de Ivo Watts-Russell, capo del sello londinense 4AD. Seleccionó ocho temas y los publicó en el mini-lp Come On Pilgrim’. El debut de los Pixies cosechó buenas críticas en Inglaterra. Ninguneados al inicio por la prensa musical de su país, siempre gozaron de mayor reconocimiento en Europa. Luego vendrían los álbumes Surfer Rosa’ (1988), Doolittle’ (1989), Bossanova’ (1990) y Trompe Le Monde’ (1991), cuatro discos inmaculados con hallazgos sónicos copiados hasta la saciedad. Un monumento al rock alternativo que sigue sonando tan fresco e innovador como entonces.

 

Las canciones de los Pixies son un catálogo de calamidades: violaciones, mutilaciones de ojos, vampirismo, asfixia y visiones apocalípticas sobre el fin del mundo. Sin embargo, Charles Thompson se ha pasado dos décadas insistiendo ante los periodistas de que no hay un significado real a todo ese horror, ninguna intención: “Son solo palabras que encajan bien”. El cine surrealista de Luis Buñuel y David Lynch es una influencia confesa. Otra es la Biblia, sobre todo, el Viejo Testamento. Cuando tenía 12 años, su madre y su padrastro se unieron a una rama de la Iglesia Evangélica. Charles asistía a misas y oficios y mamó la oratoria del “fuego del infierno y el azufre”. “¡Las historias de la Biblia son geniales”, dijo en 1988 al semanario británico New Musical Express. “Sexo, violencia, brutalidad, incestos, venganzas… Todo que lo que quieras está ahí. Material fuerte de verdad”.

 

Artículo publicado en el número de octubre de 2013 del periódico BILBAO

PIXIES

No hay Comentarios

Escribe tu Comentario