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The Smiths, la luz que nunca se apaga

Se cumplen 30 años del debut de The Smiths. Un libro analiza la influencia de la banda que sentó las bases del pop independiente

 

Hace ahora 30 años, con la publicación de su primer álbum homónimo, The Smiths encendieron una luz que ha servido de asidero emocional a millones de jóvenes sensibles y solitarios, protagonistas a su pesar de una vida en tonos sepias en una monótona ciudad de provincias. Sus canciones pop de letras intelectuales apelaban de forma directa a tus miedos e inseguridades cuando tienes quince años y eres incapaz de adaptarte a la realidad de un mundo que te supera. Angustia adolescente. Pasan los años y aquella luz sigue brillando con la misma intensidad, filtrándose en la propuesta musical de bandas novísimas y en los gustos de los aficionados al pop que ni siquiera habían nacido cuando el cuarteto de Manchester anunció su separación en julio de 1987.

 

¿Qué tiene de especial la música de The Smiths, capaz de sintonizar con las emociones e unir a quienes la escuchan de una forma tan intensa? La respuesta, o mejor dicho, las respuestas, tratándose una banda imposible de siluetear con un solo trazo, las encontramos en ‘The Smiths. Música, política y deseo’ (Errata Naturae), una colección de ensayos que combina el análisis teórico (musical, sociológico, político) con la creación literaria, las memorias y los textos confesionales. Algunos de los artículos aquí incluidos ya se habían publicado con anterioridad en inglés. Otros han sido redactados ex profeso para este volumen, coordinado por el escritor Fruela Fernández.

 

El libro propone una imagen poliédrica de un grupo marcado por las contradicciones y las tensiones entre “lo ordinario y lo extraordinario, el individuo y lo colectivo, las formas religiosas y el nihilismo, la universal y lo regional”. La antropóloga Wendy Fonarow encuentra en la estética y el ethos de The Smiths los atributos prototípicos del género ‘indie’. El escritor Alex Niven analiza las claves de la animadversión del cantante Morrissey por Margareth Thatcher. Julian Stringer firma un ensayo en el que trata de explicar el polémico posicionamiento de la banda como valedora de una identidad nacional inglesa blanca, y recuerda que “a diferencia de los músicos involucrados en movimientos coetáneos como el two-tone o el acid house, The Smiths nunca asumieron de manera directa los retos de una Inglaterra multirracial”. Por su parte, los músicos españoles Nacho Vegas, Antonio Luque (Sr. Chinarro) y Manu Ferrón (Grupo de Expertos Solynieve) revelan cómo descubrieron su música y lo que ésta ha significado en su vida.

 

Patetismo y nostalgia
En un artículo publicado el año pasado en el periódico ‘The Guardian’, el guitarrista Johnny Marr afirmaba: “Inventamos el ‘indie’, y aún lo sabemos”. Y tenía razón. The Smiths fueron los precursores de la llamada música independiente, al incorporar los valores y convenciones que, más adelante, llegarían a ser piedras de toque fundamentales del movimiento. A saber: la sencillez, la nostalgia, la guitarra como fetiche y la fijación por lo popular, comenzando por su propio nombre: los Smiths, el apellido más corriente y genérico de la lengua inglesa, el equivalente a nuestro García. Un nombre que representa las limitaciones cotidianas, pero también “sugería la posibilidad de transformar lo ordinario en subversión y heroísmo”.

 

Arquetipos como el poeta callejero de alma torturada (Morrissey) y el músico autodidacta (Johnny Marr) se convirtieron en principios fundacionales del género ‘indie’. Establecieron el patetismo, la desgracia y la exaltación de la sensibilidad como las formas más legítimas de expresión emocional. “Hay un club, si quieres ir / podrías encontrarte con alguien que te ame de verdad. / Así que vas, y te quedas de pie / y te vas solo / y vuelves a casa, y lloras / y te quieres morir”, cantaban en ‘How Soon Is Now’. Y a nivel musical, sublimaron la sencillez como expresión estética. Así, en oposición a la mayor parte de bandas de los ochenta, que apostaban por los sonidos sintéticos, el maquillaje exagerado y las vestimentas excéntricas y coloristas, propusieron un regreso al conjunto rítmico clásico: guitarra, voz, bajo y batería. Tenían el pelo corto y se vestían como la gente de la calle.

 

 

Wendy Fonarow defiende que estos principios fundacionales del ‘indie’ ejemplificados por The Smiths son de origen protestante. Sus canciones evocan requisitos puritanos como la disciplina, la austeridad y el sufrimiento. El ascetismo y la renuncia a los placeres de la carne –Morrissey profesa la abstinencia sexual y el vegetarianismo– se dan la mano con la pasión emocional y espiritual. La comunidad ‘indie’ percibe la industria musical como esa Iglesia católica corrupta, plagada de oropeles y rituales vacuos, y se opone a este ornato regresando a un pasado imaginario donde la música se experimentaba de forma pura. De ahí la glorificación de los años sesenta.

 

Una buena dosis de romanticismo completó la fórmula. Morrissey, “una especie de Emily Dickinson del rock atrapada en el cuerpo de James Dean”, en definición de Nadine Hubbs, catedrática de Música y Estudios de la Mujer en la Universidad de Michigan, prolongó la imagen romántica del artista como genio natural cargado de tensión emocional, introspección y anhelo. En definitiva, un marginado perpetuo.

 

Morrissey y Thatcher: reflejos distorsionados
Todo héroe necesita un enemigo. The Smiths lo encontraron en Margareth Thatcher, quien personificaba la negación de los ideales de la banda. Su carrera musical (1983-1987) coincidió de manera casi exacta con el segundo mandato de la Dama de Hierro. Tras el atentado del IRA durante la conferencia del Partido Conservador de 1984, Morrissey declaró: “La pena es que ella escapó ilesa. Creo que, por una vez, el IRA acertó al seleccionar sus objetivos”. En su primer álbum en solitario, incluyó una canción titulada ‘Margareth on the Guillotine’.

 

Sin embargo, no eran polos opuestos. “Si no eran espíritus afines, sí se parecían como reflejos distorsionados. Las trayectorias de ambos parecen guiadas por el mismo ansia mesiánica de rescatar y redimir esa ‘verdadera Inglaterra’ que no era más que un vago recuerdo de infancia”, escribe Alex Niven en su ensayo ‘Oh, Madre…’. Igual que el thatcherismo, que defendía valores como la autosuficiencia, el estoicismo y el esfuerzo personal, The Smiths planteaban la noción de un individualismo heroico que se alza sobre la estupidez colectiva. Thatcher, que afirmó en una célebre ocasión que no existe la sociedad, podría haber aplaudido ese sentimiento.

 

 

(Artículo publicado el 21 de junio de 2014 en el periódico EL CORREO)

 

THE SMITHS-Enrique Viñuela

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